20 de junio de 2007

Reverter en Oviedo.

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-Las tipologías vocales han ido evolucionando.
-Aunque las voces siempre han sido las mismas, con el paso del tiempo se han ido matizando, sobre todo porque cada voz es distinta, no hay dos iguales. De la voz depende el papel y los autores escriben para determinadas voces, incluso para cantantes concretos. De ahí que el carácter de los roles lo aporte la voz. Un ejemplo, la Reina de la noche de «La flauta mágica» está escrita por Mozart para su cuñada -dramática de agilidad- y con el paso del tiempo se han adueñado del papel las lírico-ligeras. Esto ha llevado a que pierda el autoritarismo y el odio que la caracteriza.
-¿Ha ido cambiando la voz preferida por el público?
-Los castrados son en el barroco los dueños y señores del género y para ellos se escriben los papeles más importantes. Cuando desaparecen, se adaptan los requerimientos a sopranos, mezzos o tenores. Después llegarían las grandes sopranos y tenores, antes éstos tenían un papel muy secundario. Esta primacía llega a nuestros días, aunque hoy estamos asistiendo a la desaparición paulatina de las voces oscuras, de los grandes tenores wagnerianos o de las sopranos dramáticas. Esto ocurre porque el diapasón se ha elevado un tono y también por el cambio de impostación vocal que hace que el canto sea, digamos, más claro.

-Muchos cantantes no saben por qué pasa esto.
-Karajan lo entendió en su momento e hizo una «Tetralogía» con voces líricas, con cierto interés. Vio el problema de la desaparición de las voces heroicas. El proceso se puede ver en el Festival de Bayreuth. Esto no quiere decir que hoy no se cante bien, a un nivel alto.

-¿No hay buenos profesores de canto?
-Faltan maestros de canto que den la talla requerida. En España hay muchos profesores pero la gente se va fuera y, en realidad, no sé si ayuda.

-¿Ya no asistiremos a carreras tan longevas como la de Kraus?
-Es posible. Porque él tuvo la inteligencia de cantar lo que le iba en cada momento. No hay cantantes con esa preparación técnica, criterio e inteligencia. De hecho, ahí está Rolando Villazón, un lírico-ligero de buenos medios y fácil emisión que ya canta «Don Carlo» y su voz pierde frescura, como la de Roberto Alagna o Aquiles Machado, con una emisión menos tersa. Caso aparte es Plácido Domingo que canta de todo. Otra cosa es que lo haga bien.

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